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3 pasos de liderazgo para generar y mantener compromiso

  • 26 marzo, 2018
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(Por Xavi Garcia)

“Las fortalezas están en nuestras diferencias, no en nuestras similitudes”, Stephen Covey.

Vamos a imaginarnos un inicio de una obra. Todos los materiales, medidas y condiciones del terreno, presupuesto, están a disposición del arquitecto y los diseñadores. Seguro que salen casas diferentes en función de los gustos y las capacidades de cada uno de ellos. Y supongamos que tenemos el diseño y la estructura… entonces un equipo de albañiles lo construirá más lento que otro, con más detalle que otro, con más cariño que otro, con más o diferentes capacidades. Pues un entrenador es el arquitecto, el diseñador y el jefe del equipo de albañiles, y muchas veces -la mayoría- , también los propios albañiles. Parece evidente que todos los materiales utilizados son diferentes, necesitan diferente trato y cuidado y sirven para diferentes funciones. Eso es la metáfora que nos sirve para darnos cuenta de lo importante que es conocer a fondo y tratar adecuadamente todos los materiales. Es la importancia de la individualización.

La idea de Individualización es un concepto muy amplio. Se basa, en sintesis, en que cada persona, más allá de sus características físico-técnicas tiene motivaciones, estilos comunicativos y preferencias de aprendizaje diferenciados. Es obvio que el baloncesto es un deporte de equipo, y que una gran parte del trabajo del entrenador es cohesionar el bloque y establecer normas dentro y fuera de la pista, crear identidad colectiva. Crear una buena casa, vamos…. No es menos cierto que para que cada uno de los miembros se sienta involucrado, comprometido y entusiasmado con el proyecto común, debe sentirse visto por el líder.

Sentirse visto por el líder significa que éste sepa, en primer lugar, cual es su motivación. Y aceptar que todas las motivaciones son válidas. Conocerlas nos permitirá crear un vínculo de calidad con cada jugador. Algunas motivaciones pueden ser… aprender, ganar, competir, estar en forma, estar con los amigos, ser centro de atención… Uno de los grandes errores del entrenador es invalidar algunas de esas motivaciones, u obviarlas, intentando que todos tengan la misma motivación que él mismo. Saber las motivaciones nos permite alimentarlas, elegir los momentos y los mensajes, y conseguir respeto, por el simple hecho de respetarles a ellos.

En segundo lugar, los estilos relacionales. Hay 4 estilos: tierra, fuego, aire y agua. En un ejercicio de alta síntesis, los podríamos describir de la siguiente manera.
Tierra: Preferencia por vivir en la realidad tangible y demostrable. Estilo formal e independiente. Necesitan claridad y orden.
Fuego: Preferencia por organizar proyectos y dirigir personas y hacer que las cosas pasen. Estilo rápido e ingenioso. Atrevido, comunicativo, no evita el conflicto.
Agua: Preferencia por crear ambientes armónicos, se preocupa de los sentimientos de los demás. Estilo sensible y amable. Evita la confrontación.
Aire: Preferencia por relacionarse con otros, ve la vida llena de posibilidades. Estilo flexible y entusiasta. Soñador.

Como siempre, el primero en conocerse debe ser el entrenador, que también pertenece a uno de estos 4 estilos. Importante decir, que todos tenemos un estilo dominante, y alguna parte del resto de estilos… Por eso hay un trabajo de análisis mediante un test que nos proporciona un diagnóstico. Es muy interesante también realizar ese test con el equipo para poder tener claros esos estilos. Esto es de gran ayuda para afinar en la individualización comunicativa y relacional. Obviamente no es lo mismo hablar con un perfil “agua” que un perfil “fuego”. También se pueden dar pautas para desarrollar la mejor manera de comunicar con cada uno de esos estilos “desde mi estilo” como entrenador. [Haz click aquí para más información]

Y por último, la individualización metodológica. Evientemente, hay jugadores que aprenden repitiendo, otros se impacientan ahí. Hay jugadores a los que la ayuda del video les resulta muy útil, a otros no tanto. Algunos aprenden imitando, otros aprenden imaginando la situación real de juego, y así podríamos seguir. Emplear un tiempo en conocer esas preferencias, permite, luego, afinar la metodología a emplear con cada uno para optimizar el aprendizaje.

Obviamente podemos intuir la potencia de combinar estas tres herramientas de individualización. Si conozco la motivación, si sé cómo comunicar con la persona, y además tengo claro qué metodología le resulta más adecuada… queda claro que podré hacer un trabajo mucho mejor que si obvio, ignoro o desprecio estos factores. Esto requiere tiempo, si. Es una inversión de tiempo que luego dará mucho rendimiento.

Y cuando una persona recibe este trato del líder, automáticamente está fidelizado a él, y por extensión, al equipo. Si yo estoy a gusto con mi líder, quiero estar en su equipo! Si en mi equipo se respetan las individualidades, y se conocen fortalezas, motivaciones, preferencias de los miembros, entonces, entre ellos también se apoyan y complementan. Es cambiar la mirada, no utilizar el equipo como excusa para conseguir compromiso. Es conseguir compromiso individual –engagement- para impulsar luego al equipo. Es más sólido, sostenible y muy rentable a medio y largo plazo.

“Los logros de una organización son los resultados del esfuerzo combinado de cada individuo”, Vince Lombardi.

P.D.: En nuestro campus Frontera Experience, trabajamos desde esta mirada, ayudamos al jugador a darse cuenta de sus necesidades, y a currarse su propio trabajo, apreciarse a sí mismo, hacerse valer desde el respeto y la consciencia. Entendemos que es el paso necesario en este momento en el ámbito formativo de acceso al alto rendimiento.

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