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La oportunidad que nos da el “padre-entrenador”

  • 8 febrero, 2018
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“Contar a un adolescente los hechos de la vida, es como dar a un pez un baño.” (Arnold Glasgow)

Ayer en una de mis presentaciones de mi libro “Experiencias Sistémicas”, al llegar a casa recibí un correo electrónico de uno de los asistentes, un chico adolescente que me formuló esta pregunta que me ha llevado a ampliar una respuesta no solo para él sino para todos los que puedan sentirse interesados:

“Hola, Xavi.
Soy uno de los jugadores que ha asistido a la charla de hoy sobre tu libro “EXPERIENCIAS SISTEMICAS” en la escuela Pia de Sabadell.
Creo que la charla ha estado muy bien y entretenida. Algunos de los puntos que has comentado durante la charla eran el miedo, la rabia … Los he encontrado muy interesantes y he aprendido mucho, pero me he quedado con las ganas de preguntarte una duda.
Es un caso particular y a la vez bastante común. Yo los llamo “padres entrenadores“, que son aquellos que sólo se dedican a corregir a su hijo / a, es decir, decirle la manera que debe jugar, cuál debe ser su estilo de juego, lo que hace bien y lo que hace mal. Y, a menudo, insisten mucho, tal vez demasiado. Todo ello basándose en su criterio y sin tener en cuenta lo que el entrenador le haya dicho al jugador / a. Como si lo que ellos dijeran fuera la única verdad.

Esto, en mi opinión, crea una sensación de inseguridad en el jugador, ya que llega un punto, que no disfruta de los partidos, ya que cada vez que toca la bola, sólo está pensando en hacer lo que le ha dicho su padre y, a la vez, lo que dice el entrenador. El jugador se encuentra en una situación de espada contra la pared.
Si no hace lo que dice el padre, al terminar el partido, probablemente habrá “bronca”, y si lo hace, no estará al 100% concentrado en el partido y no jugará como él sabe.
Y, en mi opinión, esto frena, aquella capacidad, que has comentado en la charla, que tenemos de brillar y tener nuestro juego propio. Que creo que es algo que todos los jugadores quieren y ansían conseguir.
¿Como deberían actuar estos jugadores para superar este problema?

En primer lugar me alegra ver la claridad del planteamiento y su profundidad. Me conecta con todas las conversaciones que no se dan en la realidad, esas conversaciones pendientes entre adultos y adolescentes, que tienen consecuencias fatales. En segundo lugar me gustaría ofrecer una mirada sin culpabilización para ninguna de las partes. Siempre hacemos lo mejor que sabemos con las herramientas y conocimientos que tenemos.

Dicho esto, lo que más destaco es la pregunta final, porque pone la responsabilidad en el jugador (“como deberían actuar esos jugadores para superar ese problema”). Me parece absolutamente clave esta mirada porque se enfoca en el círculo de influencia, es decir, qué depende de mí!

Desde ahí todo es más fácil. EN primer lugar animaría a todos los que se encuentran en esa situación a verbalizarla con sus padres. Importante no culpar, sino articular tipo “cuando me dices como tengo que jugar, me siento….” Importante, en un momento apartado de entrenos o partidos, es decir donde las emociones relacionadas con eso, estén menos presentes. Cuanto más claro podáis ser, expresando lo que os pasa, lo que os provoca esa exigencia… y sobretodo expresando el anhelo, el deseo de brillar y tener el estilo propio, la necesidad de sentir la libertad para desarrollar la propia personalidad como jugador y en consecuencia como persona. Es un punto clave. Hoy en día, jugar a baloncesto, para un chaval, es una de las más importantes formas de expresión e integración en la sociedad, especialmente en el momento de la adolescencia, en el cual se crea la individualización. Ese momento donde la tendencia natural es de separarse del adulto por un tiempo. Cuando el adulto se resiste a esa realidad y necesidad vital, todas las consecuencias son negativas. Creo que podemos aprender de este chico y de esta situación, para darnos cuenta de lo importante que es dejar a la persona elegir su camino, y que pueda confiar, en todo caso, en el entrenador para realizar ese camino, sin la interferencia del padre (dejando claro que esta interferencia es desde el amor, y las ganas de ayudar, pero que es contraproducente).

Puede pasar que el chico no consiga esa conversación, bien sea porque el padre no está receptivo o por su dificultad para comunicar de manera asertiva, por miedo, por vergüenza, etc… En ese caso, aconsejo al jugador que hable con su entrenador, director técnico, coordinador, o un adulto que pueda ayudarle en esa comunicación. Las instrucciones para ese adulto igualmente deben ser no culpar, valorar y reconocer que el padre es el responsable de su hijo y que al final lo que comparten todos es el deseo de que al chaval le vaya bien, y es importante hacer equipo para facilitar ese objetivo.

Y una lección para todos. En formación no solo aprende el jugador, también aprendemos los adultos. Debemos estar abiertos. A veces, el alumno resulta ser el maestro.

“El sabio es tal porque está convencido de que solo es un aprendiz.Y también de que el día que deje de ser un aprendiz dejará de ser sabio” (A. Sanchez)

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